El fin de siglo se acerca y el pintor Carlos Gorriarena sigue atento a las pasiones del mundo, dejando a un lado los tics de la moda.
El siglo se termina y Gorriarena sigue siendo testigo y protagonista. Su pintura, que tuvo momentos donde la materia pesaba, agresiva, se agazapa, mas tranquila, para devolver la mirada del pintor, serena, y por momentos gozoza.
Irónicamente festiva, para transmitir la fiesta. Dicen que en pintura no se puede contar la película; que hay que hablar de valores, tonos, paleta, mancha y pido.
Eso esta: se podría decir que hay un blanco Gorriarena, un amarillo Gorriarena, un azul Gorriarena, y hasta una trampa Gorriarena: de cerca, algunos de sus cuadros se aplanan, vienen en bloque hacia el que mira; de lejos, se complican y se abandonan.
Además, se despliega un mundo absolutamente contemporáneo: una muchacha llega a una estación o un aeropuerto, un hombre entrado en años esgrime su camisa al último grito y una potranca joven y sensual que le esta alegrando esos días; en la siesta de un río, un niño navega en las espaldas de su madre, sobre un bote.
Gorriarena despliega un manejo de la abstarcción que hasta ahora estaba claro si se aislaba una parte del cuadro, junta la abstaracción con el expresionismo mas frontalmente, pero casi sin que se note. Gorriarena se da lujos líricos, irónicos, profundiza la tristeza, y cambia otra vez la relación con el mundo y la pintura. Joyce decía de la etapa decisiva del creador: "Como Dios mirando al mundo y limandose las uñas".
El fin de siglo se acerca y el pintor Carlos Gorriarena sigue atento a las pasiones del mundo, dejando a un lado los tics de la moda.
Irónicamente festiva, para transmitir la fiesta. Dicen que en pintura no se puede contar la película; que hay que hablar de valores, tonos, paleta, mancha y pido.
Eso esta: se podría decir que hay un blanco Gorriarena, un amarillo Gorriarena, un azul Gorriarena, y hasta una trampa Gorriarena: de cerca, algunos de sus cuadros se aplanan, vienen en bloque hacia el que mira; de lejos, se complican y se abandonan.
Gorriarena despliega un manejo de la abstarcción que hasta ahora estaba claro si se aislaba una parte del cuadro, junta la abstaracción con el expresionismo mas frontalmente, pero casi sin que se note. Gorriarena se da lujos líricos, irónicos, profundiza la tristeza, y cambia otra vez la relación con el mundo y la pintura. Joyce decía de la etapa decisiva del creador: "Como Dios mirando al mundo y limandose las uñas".
DAMOCHSTEINBERG